Estás en tu cama a punto de dormir, reflexionando sobre lo bien que te sientes pues llevaste a cabo todo el plan que te propusiste para hoy.

¿Crees que sea suficiente?

No

Necesitas evaluar lo qué funcionó y aquello que no te sirvió.

 

Reflexiona

Cuando las cosas van mal o no hemos logrado nuestras metas, sentimos la presión y metemos el acelerador: visitamos más clientes, hacemos más llamadas, tenemos más reuniones; sin embargo, lo que necesitamos es soltar el acelerador, hacer una pausa y reflexionar sobre lo que estamos haciendo para evaluar lo positivo o lo negativo.

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando diferentes resultados”.- Einstein

Hacer una pausa, y reflexionar es parte fundamental del crecimiento personal. Uno de los mayores beneficios es que podemos limpiar nuestra ventana mental para ver oportunidades desapercibidas y aprovecharlas.

Dando estos pasos lo conseguirás:

1. Elige un lugar y momento para reflexionar

No es lo mismo reflexionar en este instante que estás leyendo el artículo, a reflexionar en una hora y lugar. Honra tu periodo de reflexión, elige un lugar que te guste y que te sientas bien estando ahí. Elige un momento de paz sin distracciones. Apaga tu celular y dedica el tiempo completo.

Algunas preguntas que te pueden servir para reflexionar y evaluar tu experiencia:

• ¿Cuáles fueron mis triunfos?
• ¿Qué aprendí?
• ¿Cómo apliqué mis talentos?
• ¿A quién ayudé?

2. Escríbelo

Hay algo mágico en escribir.  Te recomiendo que  escribas tus reflexiones con pluma y papel que te guste.

Al escribir te darás cuenta de lo que sabes. Distinto a lo que pensabas que sabías antes de escribirlo. Al externarlo creas tu realidad.

Reflexionar te da la ventaja de la perspicacia: Entiendes lo que los demás no han notado.

 

Aplica Las 4 Íes para reflexionar

1. Investigación
2. Incubación
3. Iluminación
4. Ilustración

Para explicar cómo funcionan te cuento este caso de éxito:

Llegué a mi lugar preferido para reflexionar, me senté y cerré los ojos. Repasé con los ojos de mi mente el día anterior (investigación), hasta encontrar el momento en que cerré el trato. Analicé todos los detalles de ese momento (incubación):  como iba vestido y como iban vestidos los demás, el lugar donde estábamos, el piso, mesa, techo; lo que estábamos tomando y los gestos de cada uno de ellos; aún no encontraba el diamante; sin embargo, sabía que estaba ahí, seguí buscándolo en lo que estábamos platicando y de repente lo encontré (Iluminación)- ¡el nombre! ¡Claro!, la manera correcta de pronunciar el nombre del cliente polaco: “Kersekeysovrka”. Eso me abrió la puerta para conectar emocionalmente con él y cerrar el trato. -Qué importante es pronunciar bien el nombre de las personas, especialmente si es un extranjero. Sí, eso me produjo un resultado tan positivo como cerrar ese trato. Mañana que platique con el prospecto canadiense utilizaré el mismo diamante: le diré de manera correcta su nombre (ilustración).

Sírvete de tu pasado analizando tus logros para encontrar los diamantes y volverlos a utilizar.

¿Te gustaría que fuera tu coach para ayudarte a encontrar tus diamantes y crear una estrategia clara en la que puedas utilizarlos para lograr tus metas?

Escríbeme y con mucho gusto te hablo para platicarte la manera en que lo podemos lograr:

En este programa de TV platico más.

Reflexiona y haz más con menos

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